El síndrome fotovacacional
Anoche, noche de insomnio, terminé de leer un libro. Uno de los pocos que últimamente ha logrado captar mi atención más de diez minutos seguidos.
La realidad, mirada muy de cerca, agota
Anoche, noche de insomnio, terminé de leer un libro. Uno de los pocos que últimamente ha logrado captar mi atención más de diez minutos seguidos.
En una tarde cualquiera, en un periódico cualquiera, de un agosto cualquiera...
La inquisidora pregunta al redactor en prácticas...
- ¿Cómo llevas el reportaje que te encargué hace dos días?
- Bien, bien, contesta asintiendo con ahínco.
- ¿Cuántos testimonios tienes ya?
- Cuatro. Bueno, tres.
- ¡Pero te pedí 15 como mínimo!
- Ya, pero esto es una putada. No es tan fácil, ¿sabes?
- Sí, me hago una ligera idea. Pero no es un asunto espinoso ni demasiado privado...
- Es que hay que asaltar a la gente, ahí, a preguntarles... Y a mí me da vergüenza.
- Pero es nuestro trabajo. También forma parte de nuestra profesión saber cómo preguntar y cómo convencer a la gente para que participe de tu proyecto informativo.
- Bah! Es dificilísimo.
- Bah! Estás hablando con una redactora de sucesos, que ha tenido que tratar de tú a tú más de un asunto muy espinoso...
- Ya, ya, asiente el redactor en prácticas pensando que se ha colado, mientras da un giro a la conversación para advertir: ¡Me voy a pasar una semana escribiendo de Leonard Cohen!, refiriéndose a la visita que el artista realiza a la ciudad próximamente.
- ¿Sí?
- Sí, me lo ha prometido el jefe de Cultura.
- Umm...., ¿y qué vas a contar?
- Pues no sé, escribiré de él.
- ¿Algo nuevo? ¿Algo que no se sepa? ¿O vas a escribir como cuando todos en casa nos ponemos a divagar sobre cuánto nos gusta el vecino del quinto? Si no es nuevo, quizá no sea publicable... No sé, es una opinión...
- Ya veré. Escribiré de él.
Prosigue la conversación alrededor de los diferentes aspectos del personaje, hasta que el redactor en práctias se para y pregunta:
- Por cierto, ¿tú sabes quién es Leonard Cohen?
En ese momento del día, te das cuenta de que ellos sólo ven en ti una inquisidora que pone caras raras al leer sus titulares, que pone cruces a las páginas de un papel lleno de cuadrículas que simulan páginas, que sólo sabe pensar en asuntos que puedan tener un titular vinculado con una sección local, absorbida por las historias mediocres de una miniciudad y sin vida más allá de las cuatro paredes del periódico.
Pero sí, sé quién es Leonard Cohen.
De Rumanía me sorprendió:
Sus monumentos históricos...
La 'innovación' de sus cabinas públicas...
Los expeditivos reclamos publicitarios de sus tiendas...
La inocente sencillez de sus vados para garajes...
Los supermercados transilvanos...
La omnipresente religiosidad...
Su delirante arquitectura sin complejos...
Su sentido de la estética urbana armoniosa...
Los brotes de naturaleza en cada calle (¿asfalto?)...
La alegría a la hora de poner nombres...
El gusto en la decoración de sus hoteles...
Hasta sus librerías...
Y sus 'no coments' a la vuelta de cada esquina...